El pasado sábado
17 publiqué en estas páginas un artículo en el que básicamente proponía, como única herramienta viable para la
estabilización de los precios de la fruta de verano, la creación, con los
avales del propio sector, de un fondo capitalizado con 20 millones de Euros
para poder retirar fruta del mercado a la primera sensación de agobio, evitando
así la caída libre de los precios.
Algunos lectores
me han preguntado –todos ellos externos al sector, claro- como era posible que
un pequeño excedente produjera una caída libre en vez de un reajuste del
precio.
Esta dinámica perversa tiene su origen en la
imposibilidad de modular la producción agrícola. Cuando un fabricante de
lavadoras decide fabricar un modelo nuevo, define cuantas unidades tendrá
disponibles para un determinado periodo. En el caso de que las ventas no fueran
según lo esperado, puede reducir o detener las series de fabricación y en
último término puede guardar en el almacén las unidades no vendidas hasta decidir
si busca nuevos mercados para ellas, las promociona o las deja para piezas de
recambio. Cuando se inician las campañas
de recolección no sabemos con precisión ni cuantas toneladas se recolectarán,
ni exactamente cuándo, ni podemos detener el proceso de maduración ni
finalmente podemos almacenarlas por mucho tiempo.
Cuando el
producto fresco ha sido recolectado, cualquier precio de venta que supere los
costes incurridos supondría un ingreso marginal que en teoría se iría
acumulando y al fin devolvería el máximo retorno posible al productor. En una
situación de mercado descendente, puesto que el producto es perecedero y mañana
tendrá más mermas que hoy, un mal precio hoy suele ser mejor que un buen precio
de mañana. En esas circunstancias los comerciales no dejan escapar ni una venta
pues si la pierdes no hay otra solución para recuperarla que vender más barato
que el vecino. Así, los precios caen en
picado hasta el fondo.
El colmo de la perversión está en la
valoración de los costes incurridos. Desde hace años la fruta entra en las
centrales sin precio. Los abusos de los comerciantes en los años 50 y 60
pusieron en marcha los procesos de cooperativización en los 60 y 70. La
cooperativización comportó que la fruta entrara en sus centrales sin precio, a liquidación.
Entonces los comerciantes que habían comprado en firme en el campo se
encontraban con una competencia imbatible por lo que en los años 80 todo el
sector había implementado sistemas de recepción de fruta a resultas. En los 90
ya casi nadie compraba en el campo con precio firme y hoy nos hallamos sin
ninguna referencia que fije el valor de la fruta en el momento de recolección. La
fruta se empieza a vender sin un mínimo de referencia sólido. Así ante la
decisión de cotidiana de venta en cualquier central, cuando el precio Franco
Almacén está por encima de los costes de manipulación y caja, se recupera dinero para los gastos generales
de la central y por encima de estos, empieza a quedar para el agricultor. Es
decir, cuando los precios van cuesta abajo presionados por los stocks y la gran
distribución europea, el único argumento que detiene una venta, es que el
marginal no cubra ni el valor de la fruta para zumo ¡que en verano sólo son
3cts! De lo que se trata con el Fondo de
Retirada es que el marginal mínimo para aceptar una venta cubriera, para la
fruta bien recogida y de calidad, por lo menos el precio definido por el Fondo
de retirada. Insisto en el concepto de
fruta bien recogida y de calidad por que el Fondo de Retirada jamás debe ser un
incentivo para abandonar el camino hacia la excelencia que el sector viene andando
con una vocación innovadora que to tienen otros países de nuestro entorno.
Así como estamos,
acontece esa verdad incómoda en la
que habiendo el agricultor cubierto en 2014 escasamente el 50 o 60% de sus
costes directos, todos los que vamos
detrás hemos por lo menos salvado el ejercicio. Desde gerentes y empleados, a comerciantes,
transportistas, mayoristas en mercas, fabricantes de cajas, importadores,
corredores en origen, brokers en destino y como no también las cadenas de
distribución …. Todos cuya actividad se sustancia en el hecho de que el
productor coseche.
En mi opinión no existe un excedente estructural
de fruta. El volumen del año pasado fue vendido en su totalidad. Sí, a precios ridículos, pero la fruta recolectada
fue vendida y consumida. (La retirada ascendió a 9Mill de Kgs que no es más que
un 2,5% del total).
Casi todos en la
cadena de suministro, estamos seguros de que los quince céntimos que se han
dejado de pagar en origen, no habrían frenado las ventas en destino si se
hubieran sumado al PVP. Dicho de otra manera, el consumidor que compra
melocotones a 1,39 el Kg también los compraría a 1,54. Y también es obvio que la gran distribución
no necesita comprar a precios que arruinen a la agricultura. Su batalla es sólo
la de comprar más barato que sus competidores y en esa batalla son auténticos
killers. En realidad nos bajan los precios mientras nosotros se lo permitimos.
Es por ello que
nuestro deber empresarial pero también moral e incluso patriótico es trabajar duro para establecer mecanismos
que limiten el suelo hasta donde la gran distribución y el mercado puedan hacer
bajar los precios. Y en mi opinión el único que puede implementarse de manera
eficiente en cinco meses, -los que quedan hasta una próxima campaña sin el
mercado ruso por el veto o por la devaluación del rublo-, es el propuesto Fondo
de Retirada. Y ese fondo debe ser potente para que el mensaje que perciba la
gran distribución europea es la de “estos leridanos no nos venderán ni una
cesta de nectarinas por debajo de 0,59 €”
Algunos colegas
me han advertido de la dificultad de ilusionar al sector en tal tarea, pues en
otras ocasiones se había fracasado pero creo que la actual situación es oportuna.
La mayoría de comercializadores somos a la vez productores y las cooperativas
realizan una actividad compradora de fruta de terceros importante, eso nos sitúa
a todos en un mismo frente. Creo que la campaña 2014 se recordará como aún se
recuerda la del 92 y creo que aunque ciertamente no hay dos campañas iguales,
la situación económica en todos nuestros mercados y la ausencia práctica de
Rusia como compradora presagian que puede repetirse el desastre antes de que el
fruticultor, el más perjudicado hasta hoy, se haya recuperado.
Sólo puedo añadir
que si la inteligencia no nos invita a debatir y trabajar por una herramienta
tan necesaria para el establecimiento de un mecanismo de salvaguarda, lo haga por lo menos el sentido de la
prudencia, pues cuando la dinámica perversa acabe con muchos productores,
y aunque algunos asuman aquello que
decía el Dr. Rodríguez de la Fuente, de que en la selva unos tienen que morir
para que otros vivan, háganme caso, si nos quedamos de brazos cruzados, “los de
detrás” y “los de al lado” pagaremos las consecuencias.
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